¿Cómo utilizo el perdón de forma sana?

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La renuncia a la venganza o dejar atrás el rencor suelen ser las funciones del perdón. Sin embargo, toda fortaleza positiva, llevada a un extremo, es disfuncional o desadaptativa. Entonces… ¿cómo utilizamos el perdón de forma sana?  

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De igual modo que hablamos del tan de moda positivismo tóxico, podemos atender al perdón tóxico.

Son diversos los divulgadores que advierten de su efecto dañino, como el psiquiatra norteamericano Richard Friedman (2013), quien explicó a la periodista de NPR, Michel Martin, que el opresor confía en que el oprimido perdone y, lo más importante, olvide.

En esta línea, el psicólogo clínico James McNulty (2011) aseguró que los estudios realizados indican que el perdón puede, en algunos casos, aumentar la probabilidad de revictimización.

«Nunca arruines una disculpa con una excusa»

Las funciones del perdón

Para poder entender esa disfuncionalidad, vamos a hacer un repaso, primero, de las 4 etapas que el psicólogo educacional Robert Enright (2001) clasifica en el proceso de perdonar de forma sana:

  1. Expresión del dolor sentido por una ofensa o una situación. 
  2. Comprensión del perdón (sin connotaciones religiosas) como una decisión en beneficio de quien perdona, más que como una exculpación del ofensor. 
  3. Desarrollo de empatía como búsqueda de comprensión de las razones que pudieron motivar las acciones del ofensor.
  4.  Separación de las emociones dolorosas asociadas al resentimiento.
 
Este proceso conlleva un tiempo que parte de una actividad más cognitiva hasta un entendimiento más emocional. Por tanto, el perdón tiene relación con la responsabilidad emocional, más que con la liberación de una culpa.
 

El perdón ante el abuso

La liberación y el alivio serían efectos de la aceptación, más que del perdón. Tal y como la psicóloga Eva Herber (2021) explica, el perdón nos aleja de la condición de víctima y nos convierte en superviviente de un proceso de dolor y superación. Es decir, la resiliencia estaría presente en este proceso.

¿Y qué solución tenemos frente a situaciones de abuso psicológico? No bloquearnos y avanzar, aunque no perdonemos.

Que el perdón es un poderoso instrumento para avanzar soltando rencores que me limitan y practicando la (auto)amabilidad, es una obviedad. Pero, a veces, no nos son tan claras otras funciones de esta fortaleza como el establecimiento de límites y el refuerzo de mi autoestima sana.

Es más, el reconocimiento del daño es el comienzo de un autoperdón donde el cambio de conducta será la muestra de ese avance.

Minimizar daños y ofensas implica subestimar mi autoestima. Por ello, el perdón es funcional si “suelto” el rencor pero también, en muchas ocasiones, a la persona/situación. No romanticemos las relaciones de ningún modo, eso mejor se lo dejamos a las hadas.

El cine nos ha dado muestras de las funcionalidades del perdón:

La asertividad y las disculpas

Aunque resulte paradójico, incluir el verbo perdonar no es significativo de una disculpa.

Cambiar la segunda persona del imperativo («disculpa por haber hecho X») por la primera persona del indicativo («siento haber dicho X») es la primera de las fórmulas para comenzar una disculpa real gracias a la comunicación asertiva.

Spoiler: asertividad no significa decir lo que pienso, sino hablar desde un lugar apartado del reproche, ataque o acusación. Por ello, perdonar a quien me ha ofendido, o a mi propia persona, es una tarea que requiere introspección. 

¿Cómo gestiono la funcionalidad del perdón?

No debe llegar de forma obligada, puesto que la imposición del perdón como solución a un problema no es más que un engaño teñido de moralina.

El perdón es un camino, no una meta. Y aunque suele ser apropiado, siempre hay excepciones donde puede convertirse en una salida insana y perjudicial.

Así que podemos recordar un par de tips para gestionar de manera sana las disculpas:
Perdonar no me hace ser mejor persona. No romanticemos la ofensa y el dolor como algo sobre lo que nos podamos situar de forma superior. El daño no debe ser validado. Únicamente cuando perdonar sea una decisión con la que avanzar sin rencor, estaré frente a una alternativa adaptativa.

Diferenciar aceptación vs resignación, donde caminamos hacia el cambio. Al resignarme me estanco, me bloqueo y sigo en el mismo lugar. La aceptación del perdón conlleva un cambio, por ello estaré eligiendo una alternativa funcional.

Gestionar el perdón y equilibrar su uso, tanto para con el resto de las personas, como contigo, es un trabajo de construcción que se relaciona ampliamente con la autoestima. Si experimentas dificultades para llevar a cabo esta tarea o si no encuentras las herramientas adecuadas, te sugerimos que te pongas en contacto con nuestro equipo de expertos en Psicología.

Bibliografía

  • Enright, R. (2001). Forgiveness is a choice. Washington: APA.
  • McNulty, J.K. (2011). The dark side of forgiveness: the tendency to forgive predicts continued psychological and physical aggression in marriage. Personality and Social Psychology Bulletin, 37(6), 770-783. https://doi.org/10.1177/0146167211407077
  • Martin, M. (27 de Mayo de 2013)  Forgiveness isn’t all it’s cracked up to be. [“Tell me more” radio talkshow]. NPR. https://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=186479863
  • Herber, E.K. (2021). Activa tus fortalezas. Madrid: Kailas.

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2 comentarios

  1. “Perdón tóxico” es una expresión que se utiliza para describir una disculpa que, en lugar de ser genuina y constructiva, puede tener connotaciones negativas o manipuladoras. En relaciones interpersonales, especialmente en aquellas que involucran comportamientos tóxicos, una disculpa tóxica puede ser una estrategia para mantener el control o manipular a la otra persona sin un verdadero cambio de comportamiento.

    Algunas características de una disculpa tóxica podrían incluir:

    Falta de responsabilidad real: La persona no asume la responsabilidad total de sus acciones y puede intentar culpar a otros o a las circunstancias.

    Minimización: La gravedad de la acción puede minimizarse, restándole importancia o comparándola con acciones de otras personas.

    Justificación: Se busca justificar el comportamiento, a menudo con razones o excusas que no justifican realmente la conducta.

    Falta de empatía: La disculpa puede carecer de una comprensión real de cómo sus acciones afectaron a la otra persona.

    Repetición de patrones: Si la disculpa se repite constantemente sin cambios reales de comportamiento, puede considerarse tóxica.

    Es importante reconocer y estar alerta ante disculpas tóxicas en las relaciones, ya que pueden ser indicativas de dinámicas dañinas. Las relaciones saludables suelen requerir una comunicación abierta, empatía y cambios de comportamiento genuinos cuando se cometen errores. Si te encuentras en una situación así, considera buscar apoyo y establecer límites saludables en tus relaciones.

    Es un tema excelente para tratar.

  2. Aunque, como dices, debemos estar alerta de las personas que utilizan sus disculpas como un mero formalismo y sin intención de cambio, creo que es más importante incluso, por lo primario que es, aprender a utilizar el perdón propio. Ese justo es el tema de este artículo.

    Perdonarnos demasiado o no practicarlo es lo que es tóxico.

    Cuando nos referimos a dinámicas tóxicas se refieren a estructuras de relación disfuncionales. Y muchas veces son intrapersonales.

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